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    Salmo 131 - La infancia espiritual

     
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    Salmo 131
     
     
    La infancia espiritual
     
     
     
    "Señor, mi corazón no es ambicioso
    ni mis ojos altaneros:
    no pretendo grandezas
    que superan mi capacidad,
    sino que acallo y modero mis deseos:
    como un niño en brazos de su madre,
    como un niño está en mis brazos mi deseo.
    Espere Israel en el Señor ahora y por siempre."
     
    Salmo de tres versículos.
    En su brevedad, sin embargo, encierra toda la espiritualidad de la llamada "infancia espiritual".
    Campea en el salmo, y con gran fuerza,
    la ternura de Dios, de Dios Padre,
    mejor, de Dios Madre.
    Por eso sentimos en todo momento
    la actitud de confianza y abandono.
    Es el salmo de la confianza por antonomasia,
    haciendo unas reflexiones
    sobre la infancia espiritual,
    base y fundamento de la confianza.
    Nicodemo pide a Jesús algo así como una receta,
    una actitud fundamental,
    para entrar en el Reino.
    Jesús le responde que hay que nacer otra vez.
    Así, pues, hay que regresar a la infancia,
    hacerse niños, sentirse pequeño y desvalido,
    esperarlo todo del Otro,
    confiar audazmente en el Otro.
    Salvarse, para Jesús,
    es hacerse progresivamente niño.
    Para la sabiduría del mundo
    esto es algo absolutamente extraño
    porque se establece una inversión de valores.
    En la vida humana, según las ciencias psicológicas,
    el secreto de la madurez está en alejarse progresivamente de toda dependencia,
    de todo apoyo,
    alejarse de cuanto signifique padre o madre.
    En cambio, en el programa de Jesús,
    y en una verdadera inversión copernicana,
    salvarse consiste en
    hacerse cada vez más dependiente,
    en vivir apoyado en el Otro,
    en no actuar por iniciativa propia
    sino por iniciativa del Otro,
    en reconocer la propia nada,
    esperarlo todo de Dios.
    El Reino se entregará
    solamente a los que confían,
    a los que esperan,
    a los que se abandonan en las manos del Padre.
    Aquí todo es gracia, todo se recibe.
    Para recibir hay que confiar y abandonarse,
    y sólo se abandonan aquellos
    que se sienten poca cosa.
    Hay que comenzar, pues,
    por hacerse pequeño, niño, menor.
    Pero, una vez abandonados,
    participaremos de la potencia infinita del Padre,
    de su eternidad e inmensidad.
    "Si no os hiciereis como niños...".
    El niño es un ser esencialmente pobre y confiado.
    Confiado porque sabe que a su fragilidad
    corresponde el poder de alguien.
    En suma, su pobreza es su riqueza.
    De por sí el niño no es fuerte ni virtuoso
    pero es como el girasol,
    que todos las mañanas se abre al sol.
    De allí espera todo, de allí recibe todo:
    calor, luz, fuerza, vida.
    Hacerse niño, vivir confiadamente abandonados
    en las manos del Padre, parece cosa fácil,
    pero en realidad se trata de
    una verdadera revolución
    en el viejo castillo del hombre,
    castillo amasado de autosuficiencia,
    egocentrismo y locuras de  grandeza.
    La tecnología ha conquistado
    y transformado la materia,
    la psicología pretende haber dominado al hombre,
    ¡vana ilusión!
    A la hora del diagnóstico
    el psicoanálisis puede obtener buenos resultados
    pero, a la hora de la curación o salvación,
    el hombre, en su profunda complejidad,
    es una sombra perpetuamente errante,
    huidiza e inalcanzable.
    Diariamente somos testigos
    de la sombría impotencia
    de las terapias psiquiátricas
    para una verdadera liberación interior.
     
     

    P. Ignacio Larrañaga

     

     

     
     
     
     

    Salmo 143 - Oración por la victoria y la paz

     
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    Salmo 143
     
     
    Oración por la victoria y la paz
     
     
     
     
    "Señor, escucha mi oración:
    tú que eres fiel, atiende a mi súplica;
    tú que eres justo respóndeme".
     
    Se establece en este salmo
    una relación entrañable y confiada
    entre el alma y el Señor,
    una súplica multidimensional,
    apoyada en múltiples motivaciones,
    va recorriendo,
    desde el primer verso hasta el último,
    con furtivas apariciones de sus enemigos
    que no llegan a perturbar a fondo
    la confianza del salmista.
    El salmo está, en todo momento,
    en forma dialogal y en tono de gran intimidad,
    por lo que se constituye
    en un precioso instrumento
    para fomentar la relación personal con el Señor.
    En el primer versículo
    comienza el salmista
    con una insistente invocación,
    apoyada en las cualidades de Dios,
    comprobadas en la historia de Israel,
    que son: su fidelidad nunca desmentida
    y su justicia, defensora del oprimido.
    "Dios mío,
    no se te ocurra actuar en estricta justicia
    porque si pesaras nuestros actos
    en una balanza imparcial
    ¿quién quedará inocente ante tus ojos?
    Si nos trataras como lo merecen
    nuestros desvíos
    ¿quién podría resistir tu mirada?
    Así que,
    trátanos según tu misericordia eterna."
     
    Los versículos 3 y 4 describen
    la situación desesperante
    a la que ha llegado el salmista:
    los enemigos han tramado un asesinato
    contra el salmista
    y están ya cercándolo como sombras,
    y quieren pasarlo a espada cuanto antes
    y entregarlo al silencio de la sepultura.
    Informado de esta conspiración el salmista
    se muere de miedo,
    y es dominado por la oscuridad y el terror,
    pero reacciona inmediatamente:
    "Recuerdo los tiempos antiguos,
    medito todas tus acciones,
    considero la obra de tus manos,"
    refugiándose en el recuerdo de otros tiempos,
    aquellos tiempos en los que el Señor
    hizo proezas liberadoras,
    acciones espectaculares con el poder de su brazo
    a favor de los oprimidos,
    y este recuerdo hace renacer en su corazón
    la confianza y la seguridad.
    No sólo eso,
    sino que en este momento
    despierta la veta mística
    y nos entrega este precioso versículo 6:
    "Mis brazos se extienden hacia ti y,
    detrás de los brazos,
    y juntamente con ellos,
    va mi ser entero cautivado,
    seducido por Ti.
    Igual que la tierra reseca
    desea ardorosamente lluvia
    así mi alma suspira ardientemente por Ti".
    En los versículos 7 y 8
    continúa la súplica con gran calidez
    y bastante concretez.
    Se oyen ecos lejanos de los enemigos
    pero no consiguen turbar al salmista.
    En todo caso, hasta el final,
    cada versículo es una súplica intensa,
    ardiente, insistente.
    "Escúchame enseguida"
     "No me escondas tu Rostro.
    Hazme escuchar tu gracia" 
     "Indícame el camino,
    líbrame del enemigo" 
    "Enséñame tu voluntad"  
    "Consérvame en vivo"
    "Destruye a mis enemigos"
     
    Y cada súplica va acompañada
    de su correspondiente motivación:
    "ya que confío en Ti",
    "pues levanto mi alma a Ti",
    "pues me refugio en Ti",
    "ya que Tú eres mi Dios",
    "Tú espíritu es bueno",
    "por tu Nombre",
    "por tu clemencia",
    "pues siervo tuyo soy".
    Hay, en estos seis versículos finales,
    una cálida intimidad y mucha entraña.
    Por lo que se constituye en uno de los salmos
    más adecuados para fomentar
    la familiaridad con el Señor.
     
     
     

    P. Ignacio Larrañaga

     

     

     

    Salmo 123 - Nuestro auxilio es el nombre del Señor

     
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    Salmo 123
     
     
    Nuestro auxilio es el nombre del Señor
     
     
     
    Es un salmo breve, intenso y lleno de fuerza,
    y sobre todo de confianza.
    Una confianza prácticamente invulnerable
    entreteje las fibras del salmo haciendo de él
    uno de los salmos más concisos e intensos.
    Hay en sus entrañas una enorme tensión
    a punto de ser disparada hacia las alturas
    donde habita el Señor.
    "A Ti levanto mis ojos".
    Los ojos levantados son el símbolo
    del ser entero en movimiento,
    en tensión, en expectación,
    enfilados y proyectados, esperando, suspirando,
    deseando la asistencia, la gracia, la misericordia;
    una expectación, por otra parte,
    entretejida de seguridad,
    y basada ésta en las antiguas experiencias.
    "Como están los ojos del esclavo
    fijos en las manos de su señor,
    como están los ojos de la esclava
    fijos en las manos de su señora,
    así están nuestros ojos fijos en el Señor,
    Dios nuestro,
    esperando su misericordia."
    El versículo 2 nos entrega dos preciosas figuras
    que expresan admirablemente
    esta confianza expectante del salmista:
    "los ojos del esclavo fijos en las manos de su señor".
    El esclavo no tiene nada, ni se siente con derechos,
    no toma iniciativas, ni tiene responsabilidades,
    no es nada.
    Y, si algo es,
    es por lo que pueda participar de su señor.
    Para el esclavo su amo lo es todo,
    señor y dios,
    de alguna manera un ser omnipotente.
    De él espera todo porque de él emana el destino.
    Por eso el esclavo siente reverencia por su amo.
    Ahora bien, en el versículo 2,
    desde su experiencia de desvalimiento y su nada,
    todo el ser del esclavo, simbolizado en sus ojos,
    está atento, expectante,
    esperando de su señor órdenes,
    benevolencia, decisiones.
    Así nuestros ojos, es decir,
    corazón, alma, cuerpo, atención, intención,
    recuerdos, anhelos, respiración,
    en suma la totalidad de nuestro ser,
    está enfilada, proyectada, en "tus manos",
    es decir, en tu bondad y tu poder,
    en tu ternura y compasión,
    en la dilatada anchura de tu corazón.
    Y no espero un sueldo ni espero un premio,
    sino otra cosa: tu misericordia.
    Y, naturalmente,
    donde está la misericordia están todos los bienes:
    hay libertad, se respira paz,
    el alma se reviste de fortaleza,
    hay descanso en la fatiga,
    no hay miedo frente al futuro,
    nada falta, las heridas son curadas,
    la sed apagada, los anhelos colmados,
    las expectativas cumplidas...
    en tu Misericordia lo tenemos todo.
    "Piedad, Señor, piedad,
    que estamos saciados de desprecios;
    estamos saciados del sarcasmo de los satisfechos,
    del desprecio de los orgullosos." 
    En los versículos 3 y 4
    la asamblea recoge la última palabra
    y la repite en alta tensión y en forma reiterativa,
    mientras describe brevemente
    la situación dramática del pueblo,
    harto ya del sarcasmo de los satisfechos
    y del desprecio de los orgullosos.
    Y el pueblo, sintiéndose nada,
    y humillado por los poderosos,
    y no pudiendo esperar nada de sí mismo,
    una infinita confianza lo mantiene en pie,
    suspirando y esperando la misericordia del Señor,
    de quien le viene todo bien.

     
    P.Ignacio Larrañaga
     
     
     
     

    Salmo 116 - Invitación universal a la alabanza divina

     

     
     
     
    Salmo 116
     
     
     
     
     
    En el salmo 116 palpita un ambiente cálido,
    de gran proximidad,
    con evocaciones constantes de gestas de salvación.
    En todo momento se respira
    una atmósfera de benignidad, misericordia
    y, sobre todo, de acción de gracias.
    Es el resultado la confianza.
    Es un salmo apropiado para momentos
    en que se quiere manifestar gratitud
    o celebrar sucesos felices
    que han acontecido en la vida.
    En el versículo primero el salmista
    entra en escena con una afirmación general,
    que no necesariamente se refiere al pasado,
    pero que presupone experiencias pasadas.
    Y a partir de esas experiencias
    se expresa en un ininterrumpido presente:
    "Amo al Señor.
    Mi corazón, agradecido y emocionado,
    se enciende en llamas de amor
    y se eleva hacia mi Dios porque sé,
    por mi propia historia,
    que cuando me aprietan las aguas de la aflicción
    y levanto mis brazos suplicantes
    Él escucha al instante mi clamor
    y lleno de solicitud
    se inclina hacia mí para socorrerme y consolarme.
    Por eso siento ternura y gratitud por mi Señor".
     
    En los versículos 3 y 4 el salmista
    evoca uno de esos sucesos de liberación
    por los que ahora siente tanta gratitud.
    Fue un momento horroroso,
    probablemente una grave enfermedad.
    Inesperadamente me vi en alta mar,
    las olas se levantaban altas y amenazadoras,
    me envolvían y me zarandeaban
    en todas las direcciones,
    brazos de muerte me apretaban,
    me sentí cazado por las redes del abismo
    y completamente asfixiado.
    Me vi irremediablemente atrapado
    en las fauces de la muerte,
    como nube oscura la tristeza cubrió mi cielo
    y bebí el agua salada de la angustia.
    Desde el fondo del abismo alcé los brazos,
    el alma y la garganta, para gritar:
    'Señor, salva mi vida',
    y el Señor me sacó de la boca misma del abismo.
    Y en este momento en que estoy recordando
    esa proeza de salvación,
    y tantas otras que hubo en mi vida,
    puedo garantizar ante el mundo entero que
     "el Señor es benigno y compasivo,
    y sobre todo es ternura.
    Cuida solícitamente de los pequeños
    y guarda a los frágiles".
    Soy yo el que afirma esto, soy yo el testigo.
     "Estando yo sin fuerzas me tomó de la mano
    y me levantó de la fosa" 
    Esta experiencia de liberación
    es la razón de mi confianza, así que,
    "¡alma mía, basta de pánicos,
    contrólate, sosiégate, tranquilízate
    porque el Señor te cuida con solicitud!"
     
    Mira atrás, alma mía,
    y verás levantarse ante tus ojos
    prodigios de misericordia,
    maravillas de amor, milagros de liberación,
    llevadas a efecto por el brazo potente
    y el corazón cariñoso de nuestro Dios.
    Aquel día, justo en el momento
    en que yo estaba atrapado
    entre las garras de la muerte,
    el Señor me rescató de ellos.
    En otra oportunidad,
    cuando mis ojos eran un mar de lágrimas,
    secó el Señor una por una cada lágrima.
    Otro día mis pies resbalaron
    y mi cuerpo iba a dar en el suelo
    y en el momento exacto
    me tomó de la mano y me libró de la caída.
    "Arrancó mi vida de la muerte,
    mis ojos de las lágrimas,
    mis pies de la caída."
     
    ¡Señor,  Señor,
    cuántos prodigios, cuánta misericordia!
    Y profundamente agradecido
    el salmista concluye formulando
    un precioso propósito revestido de esperanza:
    "Caminaré en presencia del Señor
    en el país de la vida"
     
    "País de la vida" es esta vida,
    los días de nuestra existencia terrena.
    "Caminar en la presencia del Señor"
    es una expresión muy hermosa
    y densa de significado.
    Indica que  Dios es la inspiración
    de la vida del salmista,
    que el Señor es su fuerza y su norma  moral,
    significa, sobre todo, que Dios es su amigo,
    estrella durante la noche,
    sombra  durante el día,
    consuelo en la aflicción,
    compañía en la soledad...
    y este caminar en su  Presencia condiciona,
    compromete y transforma la vida del caminante.
     
     

    P. Ignacio Larrañaga
     
     
     
     

     

    Salmo 62 - El alma sedienta de Dios

     

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    Salmo 62
     
     
    EL ALMA SEDIENTA DE DIOS
     
     
    El salmista sabe mucho porque ha vivido mucho.
    Desde tiempos remotos viene experimentando,
    día a día, la presencia liberadora de Dios
    y  por eso  entra resueltamente en el escenario
    derramando afirmaciones enfáticas.
     
    Con imágenes sucesivas y emparentadas:
    "mi Roca", "mi Salvación", "mi Alcázar",
    sobre estas bases planta el salmista
    su convicción y experiencia del
    "sólo en Dios".
    "Sólo en Dios descansa mi alma".
     
     "Descansar"
    es un verbo de alta precisión.
    Siendo criaturas hechas por Dios y para Dios,
    diseñadas a Su imagen y semejanza,
    cortados a su medida, de proporciones vastísimas,
    de alguna manera de las mismas dimensiones de Dios,
    pozos infinitos que infinitos finitos nunca lo llenarán,
    es obvio que si nosotros intentamos centrarnos
    en las criaturas, cuyas medidas no nos corresponden,
    en este corazón habrá desasosiego
    porque hay desajuste
    y que sólo en Dios nuestras medidas
    se ajustarán a sus medidas y en ese caso,
    sólo en Dios, habrá descanso.
    En este contexto la palabra
    "descanso"
    es equivalente a la palabra "felicidad",
    con todos los matices que esa palabra engloba.
     
    "De Él viene la salvación".
    Salvación de miedos e inquietudes
    y, en general, de todo mal.
    Hay, pues, en el primer versículo
    unos cuantos elementos en el siguiente orden:
    "El Señor es mi roca, mi fuerza, mi alcázar.
    De Él viene la salvación, no vacilaré".
    ¿Conclusión? Descansa en sólo Dios.
     
    En los versículos 4 y 5, encaramado el salmista
    sobre la altura de un baluarte, enfrenta a los eternos detractores que con sus calumnias
    se empeñan en corroer el prestigio del inocente.
    "Descansa solo en Dios, alma mía,
    porque él es mi esperanza;
    solo él es mi roca y mi salvación,
    mi alcázar, no vacilaré." 
     
    Los versículos 6 y 7 son una variante del versículo 1,
    pero esta vez
    dirigiéndose la palabra a sí mismo,
    en tono de gran intimidad,
    y probablemente en contraste
    con las altanerías de sus enemigos.
    Por otra parte, estos mismos versículos,
    son una expresión acabada de la confianza,
    y la confianza es la melodía central de este salmo:
    "Alma mía, suelta las tensiones, sosiega los nervios,
    deja a un lado las oscuras preocupaciones,
    descansa en Dios, sólo en Dios,
    porque Él cuida tus puertas, vela tu sueño,
    como centinela asegura tus muros noche y día.
    Él es roca, alcázar ¿Miedo a qué?".
    Con esta confianza sólidamente basada
    y confirmada en su experiencia
    el salmista se siente con autoridad
    para confortar a la gente,
    desgranando reflexiones de tipo sapiencial.
     
    "De Dios viene mi salvación y mi gloria,
    él es mi roca firme, Dios es mi refugio.
    Pueblo suyo, confiad siempre en él,
    desahogad ante él vuestro corazón,
    que Dios es nuestro refugio."
    Poniendo por delante, como garantía,
    su propia experiencia y testimonio personal,
    en el versículo 8 invita al pueblo
    a descargar en el Señor
    las zozobras y preocupaciones.
     
    "Los hombres son simplemente sombra y sueño,
    un soplo de aire que suena y se apaga.
    Los poderosos no son sino paja
    aventada por el viento,
    todos ellos juntos pesan en una balanza
    menos que la espuma, no valen nada.
    Así pues, aunque vuestras arcas
    estén repletas de tesoros
    no entreguéis el corazón a lo que brilla".
    Siempre se ha dicho, y con toda razón,
    que el poder y la gracia son atributos exclusivos de Dios,
    y este es el motivo final
    de la confianza eterna del pueblo.
     
     
     
     
    P. Ignacio Larrañaga
     
     
     
     

    Salmo 22 - El Señor es mi pastor

     
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    Salmo 22
     
     
    El Señor es mi pastor
     
     
     
    Es un salmo bucólico de ambiente campestre,
    las imágenes se suceden con mucha rapidez
    y el tono es, permanentemente, emotivo.
    Es una de las piezas más preciosas de la Biblia,
    en que la confianza campea en todo momento
    sin que por ningún lado aparezcan
    sombras que amenacen.
    Respiramos una atmósfera serena,
    siempre limpia.
    No hay nubes en los horizontes
    y caminamos bajo un cielo azul.
    Es un día precioso,
    sesteamos en un paisaje sosegado
    donde hay verdes praderas, fuentes tranquilas,
    una mesa bien surtida,
    perfumes y copas rebosantes.
    Es un idilio.
    En el primer versículo el salmista
    hace dos afirmaciones contundentes
    que resumen todo el salmo:
     
    "El Señor es mi pastor, nada me falta".
    Estamos en una sociedad pastoril,
    aquí hay un rey que no reina sino sirve,
    cuida, alimenta, cura.
    A cada oveja la conoce por su nombre.
    Lleva un cayado no para herir sino para guiar
    y para ahuyentar a los lobos.
    Así, pues, tengo padre, tengo madre, tengo un rey,
    tengo un médico, tengo un guía,
    tengo verdes praderas
    y fuentes tranquilas, tengo sol para el día
    y luna para la noche,
    tengo cobijo y abasto para el invierno,
    compañía para la ruta, defensa contra los lobos...
    Conclusión: lo tengo todo, nada me falta,
     
    "en verdes praderas me hace recostar,"
    El sol aprieta, estamos cansados
    y cubiertos de polvo,
    pero Él nos está conduciendo
    hacia parajes amenos,
    nos hace recostar en verdes praderas,
    a la sombra fresca de grandes árboles
    y ahí reparamos las fuerzas.
     
    "me conduce hacia fuentes tranquilas
    y repara mis fuerzas"; 
    Luego, cuando aprieta la sed,
    nos lleva a los arroyos de aguas tranquilas y frescas,
    y así nuestras energías quedan renovadas.
     
    "me guía por el sendero justo
    haciendo honor a su nombre"; 
    Somos felices, no nos falta nada.
    Todo lo tenemos.
    Después emprendemos de nuevo el viaje
    hacia pastos lejanos y abundantes.
    Avanzamos por entre cañadas ignoradas
    pero no hay que temer.
    Él nos guía por sendas exactas y acertadas,
    "haciendo honor a su Nombre"
     
    "aunque camine por cañadas oscuras,
    nada temo porque tú vas conmigo"
    En este largo caminar,
    al atravesar por tierras desconocidas,
    es probable que de pronto tengamos que transitar
    por zonas peligrosas, quebradas oscuras,
    desfiladeros temibles, pero no importa.
    Aún en este caso no me asaltará el miedo
    ni me abandonara el sosiego
    porque Tú vas a mi lado, cayado en mano.
     
    "tu vara y tu cayado me sosiegan."
    Sí, aunque me envuelva la noche
    Tú estás conmigo,
    ¿qué pueden hacerme las sombras?
    Tú vara y tu bastón me inspiran confianza,
    tu poder y tu cariño son mi seguridad,
    ¿miedo a qué?
    Si Tú estás conmigo ¿quién contra mí?.
     
    "Me preparas una mesa frente a los enemigos,
    me unges la cabeza con perfume,
    mi copa rebosa."
    Me has preparado un banquete
    a la vista de mis detractores,
    ellos quedarán asombrados
    cuando me vean en la mesa de la fortuna
    con abundancia de manjares refinados,
    en la hartura de los festines
    con acompañamiento de música y danza,
    altamente dichoso.
    Tú eres mi banquete y mi saciedad.
    Me has traído los perfumes de Arabia
    y diariamente unges mi cabeza
    con las esencias más exquisitas.
    Soy un hombre perfumado
    en medio de los hombres
    porque Tú eres mi perfume
    y el pueblo te reconoce en mi perfume.
    Tú has llenado mi copa hasta rebosar,
    me desbordas de felicidad, estoy colmado,
    mi vida es un festín y Tú eres mi fiesta.
    Una vez más lo tenemos que recordar:
    todo esto puede ser pura literatura
    y palabras huecas.
    La veracidad de todo esto depende
    de si se vive o no se vive.
    Sólo cuando hay una experiencia de Dios,
    una vivencia fuerte de fe, entonces y sólo entonces
    estas palabras son exactas y hasta cortas.
    En el último verso de este salmo, tan breve y tan rico,
    el salmista abandona el lenguaje figurado
    y nos deja este precioso verso:
     
     "Tu bondad y tu misericordia me acompañan
    todos los días de mi vida".
    El verbo "acompañar" envuelve la idea de caminar.
    A la vista del salmista se divisa a lo lejos un rebaño trashumante, siempre en movimiento de valle en valle.
    Así nosotros, en la travesía de nuestro valle,
    y mientras duren todos los días de nuestra vida,
    estamos acompañados por la bondad y la misericordia.
    Consuela y alegra el comprobar cómo el salmista
    resalta la característica, nunca desmentida,
    del corazón del Padre: bondad y misericordia,
    notas que constituyen la raíz de la confianza.
     
    "Y habitaré en la casa del Señor
    por años sin termino." 
    Y acaba el salmista formulando para sí
    la decisión sagrada de habitar
    en la Casa del Señor por años sin término,
    interpretándose esta expresión en sentido figurado,
    es decir, vivir en la Presencia del Señor
    y en su amistad mientras duren los años de mi vida.
     
     
     
    P. Ignacio Larrañaga
     
     
     
     
     

    Salmo 4 - Acción de gracias

     
     

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      Salmo 4
     
      ACCION DE GRACIAS
     
     
     
     El salmo 4 es, fundamentalmente,
    un salmo de confianza. 
     Están presentes los mismos
    elementos de siempre:
    los enemigos con sus amenazas,
    súplica y elevación del hombre,
    y la experiencia de liberación.
    Los tres últimos versículos
    son uno de los fragmentos
    más espléndidos de la Biblia,
    de altísima belleza.
    En el primer versículo el salmista
    evoca acontecimientos pasados
    en que experimentara el favor divino.
     
    "Cuando te llamo, escúchame,
    Dios, defensor mío;"
     Dispone, pues, el salmista,
    de precedentes para calificar
    a Dios de "defensor mío"
    y apoyado en esos recuerdos
    se siente animado para formular
    de nuevo la súplica:
     
    "Tú que en el aprieto me diste anchura",
    preciosa y precisa expresión,
    tanto analítica como literariamente.
    En efecto, la angustia es aprieto
    y la liberación es anchura.
    El salmista recuerda
    cómo en épocas pasadas,
    en un aprieto provocado por una amenaza,
    una vez que el Señor acudió en su auxilio
    sintió la sensación de anchura.
     En los versículos 3 al 6 el salmista
    contrapone su propia confianza
    a la arrogancia de los pérfidos
    y los desafía a bajar las espadas
    y a rendirse sin condiciones.
     
    "Dicen: ¿quién nos hará ver la dicha
    si la luz de tu Rostro
    ha huido de nosotros?' " 
    Todas las dichas del mundo
    son pálidas sombras,
    ecos apagados que ni merecen
    el nombre de dicha, cisternas agotadas.
    Hay una solamente y un sólo río:
    tu Rostro, mente multidimensional
    de donde parten todos los ríos
    y todas las mieles a las bocas Humanas.
    Pero si ese Rostro se aleja de nosotros
    ¿qué nos espera? La noche.
    El corazón del mundo se parará
    como un viejo reloj
    y el vacío y la muerte
    tomaran cuenta de la tierra, 
    así que
    ¡no escondas tu Rostro!.
     
    "Tú, Señor, has puesto en mi corazón
    más alegría
    que si abundara en trigo y en vino"  
    Es tanta la hermosura de este verso
    que parece que hemos alcanzado 
    una estrella con las manos.
    Todos los trigos y vinos del mundo,
    y cuanto esas palabras  simbolizan,
    toda la embriaguez y todas las harturas,
    son palabras pequeñas
    en comparación del chorro de alegría
    que el Señor derramó sobre mí.
    Mis entrañas se  estremecen de gozo,
    el mundo se entrega a una danza general,
    en mi corazón bailan los árboles,
    se cimbrean los montes, aplauden los ríos,
    ¡es la locura!
    La vida perdió el control, todo es delirio.
    Por encima de las palabras la música,
    por encima de la música el silencio.
    Mejor callar, es la alegría, es el Señor.
     
     
    "En paz me acuesto
    y enseguida me duermo
    porque Tú solo, Señor,
    me haces vivir tranquilo" 
    Hemos llegado al éxtasis,
    hemos regresado a la infancia espiritual,
    es la historia del niño pequeño
    y la madre ideal:
    el niño, impotente de por sí,
    está de tal manera arropado
    con la ternura y el cuidado de la madre
    que una vez acostado
    todo es seguridad en torno a él,
    no hay sombras que lo inquieten
    ni ansiedades que lo turben,
    y enseguida se ausenta
    a la región del sueño
    y todo es un ensueño azul
    porque la madre, que es el Señor,
    quedará velando su sueño
    mientras dure la noche.
    Realmente estamos navegando
    en el mar de la confianza.
     
     
     P. Ignacio Larrañaga
     
     
     
     

    Salmo 3 - Confianza en medio de la angustia

     
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    CONFIANZA 
     
     
     
    Es la confianza un sentimiento complejo
    difícil de analizar.
    En ella están presentes, casi siempre,
    unos mismos elementos.
    Ante todo hay un punto de partida:
    el hombre siente un peligro, una amenaza.
    No necesariamente un peligro objetivo.
    Igual que en el caso del niño:
    el niño pequeño ve venir
    personas desconocidas
    y por desconocidas las presupone
    eventualmente enemigas.
    Ante el supuesto enemigo
    el niño corre en busca de su madre
    y se echa en sus brazos
    y en su madre descarga
    sus miedos y sus nervios.
    Y allí deposita también la llave
    de su libertad y su destino,
    se entrega enteramente.
     En este acto de confianza el niño
    realiza un movimiento de fuga o salida
    desde su conciencia de sentirse desvalido
    a sentirse acogido y arropado por la madre,
    que es, supuestamente, poder y amor,
    con lo que el niño entra en el reino de la seguridad.
    Y así llega a sentir la sensación de omnipotencia,
    es decir, que nada ni nadie podrá inferirle daño alguno.
    Por eso la confianza es un sentimiento muy liberador.
     
     
     
    Salmo 3
     
    CONFIANZA EN MEDIO DE LA ANGUSTIA
     
     
    "Señor,¡cuántos son mis enemigos,
    cuántos se levantan contra mí!
    ¡Cuántos dicen de mí: "Ya no lo protege Dios"!"
     
     
    En los versículos 2 y 3 hay una confrontación
    entre el salmista y sus enemigos.
    Estos se envalentonan al suponer
    que Dios ha retirado el favor al salmista.
     No solamente lo suponen
    sino que lo dicen públicamente: "Dios ya no lo protege".

     "Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,
    tú mantienes alta mi cabeza."
     
    El salmista, en lugar de sentirse deprimido
    por estas insolencias, se eleva,
    por ley de contrastes,
    hasta el Altísimo declarando que
    aunque todos se levanten contra él
    no hay nada que temer porque el Señor lo protege
    con una coraza de acero y
    mantiene su cabeza elevada por encima
    de todos sus detractores.
     
    "Si grito invocando al Señor,
    él me escucha desde su monte santo;"
     
    El salmista, por la larga experiencia
    de los años pasados, ya sabe que,
    si en un momento de apuro se acuerda del Señor
    y levanta el grito hacia Él pidiendo su auxilio,
    el Señor infaliblemente lo escuchará
    desde el monte santo donde habita
    y acudirá presurosamente a liberarlo.
     
    "Puedo acostarme y dormir y despertar:
    el Señor me sostiene."
     
    Y para expresar esta seguridad,
    en los versículos 6 y 7,
    el salmista acude a dos bellísimas imágenes
    del ritmo biológico del acostarse,
    dormir y despertar.
    Llegada la noche, al acostarse,
    podrá entregarse plácidamente
    en brazos del sueño
    porque el Señor, como madre solícita,
    velará su sueño y alejará los fantasmas.
    Y al despertar no acudirán a él las oscuras inquietudes
    sino que el Señor abrirá ante sus ojos
    una senda de luz.
     
    "No temeré al ejército imnumerable
    que acampa a mi alrededor."
     
    De aquí el salmista pasa
    a una imagen castrense muy expresiva.
    De pronto se imagina asediado por un pueblo innumerable,
    hostil, armado y dispuesto a lanzarse
    en contra de él en orden de batalla.
    Aun cuando esto sucediere no me importa nada,
    no pueden hacerme daño alguno.
     
    "Levántate, Señor; sálvame, Dios mío;
    tú abofeteaste a mis enemigos,
    rompiste los dientes de los malvados."
     
    De esta figura castrense
    el salmista pasa a imaginar
    una pelea personal y, al parecer, desigual.
    Asustado el salmista
    lanza a Dios un grito de auxilio y,
    usando una forma humana de hablar,
    asegura que el Señor los golpeará
    a los enemigos en el mentón
    y les hará saltar los dientes.
     
    "De ti, Señor, viene la salvación
    y la bendición para tu pueblo."
     
     Acaba el salmo en un clima de gran confianza,
    asegurando que del Señor vienen la benevolencia
    y la bendición para el pueblo.
     

     
    P. Ignacio Larrañaga